La intolerancia a la lactosa es una condición en la que el cuerpo produce muy pocas cantidades de lactasa, una enzima que ayuda a digerir la lactosa (azúcar propia de la leche de vaca); esto puede provocar malestares en el estomaguito de tu pequeño como: gases, diarrea y dolor. Normalmente, estos síntomas se presentan de media hora hasta 2 horas después de haber consumido lácteos.

La gravedad de los síntomas varía entre cada niño, razón por la cual existen algunos pequeños que no pueden consumir ningún otro tipo de lácteo (yogurt, queso, helados), mientras que otros pueden consumirlos sin ningún problema.

Es por esta razón, que es importante que lleves un diario de alimentación en el cual registres los alimentos y bebidas que consume tu pequeño, así como los síntomas que éstos pudieran causarle. Bastarán unos cuantos meses para que puedas identificar cuáles son aquellos que no tolera y puedas así retirarlos de su dieta.

Algunos niños pueden digerir muy bien los quesos y el yogurt, por lo que podrán obtener de estos alimentos nutrimentos importantes como el calcio y las proteínas. Además, recuerda que los lácteos no son la única fuente de calcio, alimentos como el brócoli, las almendras, el salmón y algunas frutas secas son ricas en este nutrimento.

Hoy en día existe una gran variedad de alimentos para ofrecerles a los niños con intolerancia a la lactosa, como Nido® Kinder Deslactosado y Nido® Fortificada Deslactosada. Con éstas podrás ofrecerle a tu pequeño el gran sabor y nutrición de Nido®, mientras lo ayudas a evitar malestares estomacales.

Cuéntanos, ¿tu pequeño puede consumir otros lácteos?